COSQUíN 2026
27 de enero de 2026
Cosquín rinde homenaje a “Musha” Carabajal, una vida dedicada al folklore

En la sexta luna del Festival Nacional de Folklore, el escenario Atahualpa Yupanqui celebrará la trayectoria y el legado de Mario “Musha” Carabajal, figura imprescindible de la música popular argentina y alma fundadora de Los Carabajal.
“Hay que vivir la vida. La vida es hoy”. La frase, tan simple como profunda, sintetiza la filosofía con la que Mario “Musha” Carabajal transitó su camino en la música y en la cultura popular. Este jueves, cuando llegue la sexta luna coscoína, esa manera de vivir volverá a hacerse presente en el escenario mayor Atahualpa Yupanqui, donde se realizará un homenaje al músico, autor y compositor santiagueño, uno de los grandes referentes del folklore nacional.
Musha llegaba al escenario con pasos medidos, guitarra o bombo en mano, y una presencia que se volvía inconfundible apenas largaba la voz anunciando la chacarera. Había allí un ritual, una identidad que se desplegaba canción tras canción, con la certeza de quien sabía que el folklore no era sólo música, sino memoria, territorio y encuentro.
Mario Rolando Carabajal nació el 2 de junio de 1952, a orillas del río Dulce, en La Banda, Santiago del Estero. Segundo de doce hermanos de la emblemática familia Carabajal, fue bautizado con el apodo de “Musha” —“gato” en quichua— desde muy pequeño. A los 14 años se incorporó al conjunto familiar y, desde 1968, desarrolló una trayectoria ininterrumpida que incluyó la grabación de 53 discos y una presencia constante en los principales escenarios del país.
Su obra estuvo atravesada por un fuerte compromiso social y cultural. Musha entendía la música como una herramienta transformadora y, desde ese lugar, promovió la formación de nuevos artistas, impulsó talleres para jóvenes, acompañó grupos emergentes y sostuvo durante décadas el fogón de peñas populares. Fue, ante todo, un trabajador incansable de la cultura.
De bajo perfil, carismático, amante del fútbol y de las charlas largas, supo tejer vínculos profundos entre músicos, bailarines, poetas y periodistas. Para quienes lo conocieron, no alcanzaba con decir que era artista: Musha era motor y corazón de una verdadera cofradía folklórica, que se reunía tanto en los escenarios como en guitarreadas, cafés de madrugada o partidos de fútbol durante los eneros coscoínos.
Entre sus múltiples iniciativas, impulsó con fuerza la idea de llevar el folklore a las escuelas. Ese anhelo se materializó en la Ley 27.535, sancionada en 2019, que promueve la enseñanza del folklore en el ámbito educativo. Un logro que sintetiza su mirada integral sobre la cultura como derecho y como herencia colectiva.
Su legado musical incluye composiciones junto a figuras fundamentales del folklore argentino como Pablo Trullenque, Mario Álvarez Quiroga, Sixto Palavecino y Marcelo Berbel, entre otros. Canciones que hoy forman parte del cancionero popular y siguen sonando en festivales, peñas y encuentros a lo largo y ancho del país.
Cosquín ocupó siempre un lugar especial en su vida. Allí encontraba la alquimia del encuentro: en el escenario, en las peñas, en las calles y a la vera del río. Fue también en Cosquín donde, en enero de 2020, protagonizó junto a su compañera de vida, Miriam Talone, el primer casamiento folklórico celebrado a orillas del río, una ceremonia cargada de música, afectos y celebración comunitaria.
“El amor a lo nuestro, a la identidad y a las raíces”, resume Miriam al hablar del legado de Mario. “Para él, el folklore era su forma de vida, su manera de contar quiénes somos y de dónde venimos”.
El homenaje de este jueves surgió por iniciativa de la organización del festival y contará con la dirección artística de Hugo Casas, textos de Bebe Ponti e imágenes de Martín Cáceres. Participarán Cuti y Roberto Carabajal, Peteco Carabajal, el Dúo Coplanacu, Orellana-Lucca y El Canto que Emerge, el grupo que Musha dejó conformado antes de partir.
Mario “Musha” Carabajal se despidió del escenario mayor en enero del año pasado. Falleció el 13 de abril de 2025, dejando una huella profunda en la música popular argentina. Su obra sigue viva, como ese aire de chacarera que corre por el río Cosquín y vuelve, una y otra vez, a recordarnos que el folklore es encuentro, memoria y presente.
Con información de La Nueva Mañana Diario



