CLARO DE LUNA
16 de junio de 2026
Alicia Todesco: "El coaching te acompaña en un propósito, no resuelve tu vida"
La coach ontológica santotomesina explicó en Claro de Luna en qué consiste su disciplina, sus diferencias con la psicología y las herramientas que permite incorporar para la vida personal y laboral.
La coach ontológica Alicia Todesco visitó los estudios de Radio TV Streaming Claro de Luna para hablar de una disciplina que, según describió, busca acompañar procesos personales sin caer en el lugar de la ayuda terapéutica. "El coaching, la verdad que es una actividad maravillosa siempre cuando se aborda desde el respeto, desde la humildad y desde el servicio", señaló en diálogo con Clarito Ríos, y explicó que esos tres pilares funcionan como la base de la pirámide sobre la que se sostiene todo el ejercicio profesional.
Todesco contó que su acercamiento al coaching fue, en un principio, personal. "Yo hace muchos años quería transformaciones para mí. Lo busqué primero como algo personal. Quería decir esta versión de Alicia ya no me sirve", recordó. Para la coach, ese proceso de mirarse exige antes que nada capacidad de autocrítica: "Si todo está bien para vos, olvídate", advirtió.
Uno de los ejes centrales de la charla fue la diferencia entre el coaching y la psicología, dos disciplinas que muchas veces se confunden. "Los psicólogos son profesionales, estudian y trabajan con patologías. El coaching no abordas desde ese lugar a las personas; el coaching acompañás procesos que no estás pudiendo lograr", diferenció. Y fue tajante respecto al rol que debe asumir un coach frente a quien consulta: "Cuando un coach te diga 'te voy a ayudar', no vaya nunca más de coach. Yo te voy a acompañar en un proceso que es tuyo, no es mío".
Una carrera de dos años, con un primer tramo de "limpieza interna"
La formación en coaching ontológico dura dos años, según detalló Todesco, y el primero de ellos es, para ella, el más determinante. "El primer año habla de un proceso de limpieza interna. Trabajás en el autoconocimiento: ¿qué es lo que tengo que dejar? ¿Qué es lo que tengo que poner sobre la mesa?", explicó. En ese tramo, contó, tuvo que revisar incluso su propia forma de comunicarse: "Yo sufrí de sincericidio. En aquella época era una virtud para mí, y bien aplicado puede ser bueno, pero cuando decís lo que se te viene a la cabeza sin filtrar, no estás respetando al otro".
Ese aprendizaje, dijo, la llevó a entender que no existe una verdad única en la conversación. "La verdad no es una sola: es mi verdad, es la tuya. Busquemos un punto intermedio donde podamos escucharnos", sintetizó. El segundo año de la carrera, en cambio, está orientado a la práctica con otras personas: "Ya trabajás más en cómo coachar a otras personas. Tenés muchas prácticas a lo largo del año y vas ajustando, porque estás trabajando con un otro en sesión".
Cuerpo, emoción y lenguaje: los tres dominios del coach
Consultada sobre el método de trabajo, Todesco describió tres dominios sobre los que actúa un coach ontológico. "Vos trabajás con el cuerpo, con la emoción y con el lenguaje. El lenguaje es generativo, pero el que nunca miente es el cuerpo", planteó, y agregó que las incoherencias entre lo que se dice y lo que el cuerpo expresa son justamente parte de lo que un coach observa en sesión.
A partir de su experiencia en el coaching deportivo —que desarrolla junto a su colega Meli Welchen, con quien trabajó casi dos años en el Club Libertad de San Jerónimo—, Todesco organizó su enfoque en cuatro habilidades blandas. La primera es la comunicación asertiva: "Una comunicación respetuosa, donde nos sentamos y podemos tener una ida y vuelta aún cuando conlleve críticas". La segunda es la gestión emocional: "No solo somos seres racionales, sino seres emocionales con razones. Abrazá tus emociones, ponerle nombre, porque si no, no te vas a poder comunicar", explicó, y vinculó esa idea con la inteligencia emocional: "El inteligente emocional no solo se da cuenta cuando él está enojado, sino cuando el otro está enojado".
"No te preguntes por qué te pasó. Pregúntate para qué te pasó."
La tercera habilidad blanda, dijo, tiene que ver con transformar la frustración en aprendizaje: "De los éxitos nadie aprende. Uno aprende de los fracasos". Y la cuarta, que definió como trascendental, apunta a correr el foco del resultado: "Enamorémonos de los procesos. Nos hemos vuelto una sociedad absolutamente resultadista, y no disfrutamos del camino".
Sobre el grado de compromiso que exige la disciplina, tanto para quien la ejerce como para quien la consulta, fue clara: "Todo lo que tenga que ver con el propósito en tu vida o con el aprendizaje va a depender de qué tan comprometido estás vos". Como ejemplo de su propio recorrido, recordó las exigencias de su etapa de formación: "Mi compromiso era el 100%: se cursan dos días al mes, sábado y domingo, todo el día, y cada seis meses un inmunintensivo donde tenés que aprender a transitar la incomodidad".
