15 de octubre de 2024
La historia del santuario argentino donde viven más de 850 animales rescatados
En El Paraíso de los Animales, donde conviven toros, vacas, caballos, carpinchos, perros, gatos y gallinas, entre otras especies, está atravesado por la crisis económica del país
El destino del santuario cambió abruptamente cuando una resolución emitida por el Banco Central de Argentina las dejó sin la propiedad que habÃan conseguido. Con una hipoteca a cuestas y más de 300 animales a cargo, las hermanas buscaron un nuevo hogar. No tenÃan nada, pero tampoco abandonaron a ninguno de los rescatados. “Nunca dejamos a los animalesâ€, dice Gabriela, como si esa frase fuera un mantra.
Coco, un caballo maltratado, fue el punto de inflexión. Coco habÃa pasado de mano en mano, siempre cargando más de lo que su cuerpo podÃa soportar, recibiendo palizas hasta que ya no pudo más. Gabriela y Noemà lo rescataron, pero el animal no sobrevivió a la última brutalidad. “Ese dÃa prometimos que ninguna especie abusada morirÃa sola y sin dignidadâ€, recuerda Gabriela, la voz quebrada por un dolor que parece reciente. Asà fue que El ParaÃso dejó de ser solo un refugio para perros. Se convirtió en un santuario interespecies, el primero de su tipo en Argentina.“Este lugar existe por la maldad humanaâ€, sentencia Gabriela mirando al cielo, como buscando ahà la explicación que no encuentra en la tierra. Desde entonces, vacas, caballos, carpinchos, pavos reales, chivos y burros conviven en armonÃa. No hay explotación ni castigos; cada vida vale por sà misma. “Acá nadie es solo un númeroâ€, subraya.Mantener vivo el santuario es un milagro diario. El costo de la alimentación y los gastos veterinarios se acumulan. Gabriela se lamenta: “Este trabajo no es fácil, y cada dÃa es más difÃcilâ€. Las donaciones son esporádicas. Hace más de 25 años, una benefactora estadounidense hizo posible el sueño de iniciar la construcción del hospital veterinario, pero el proyecto aún sigue inconcluso por falta de fondos. “Sobrevivimos con lo mÃnimoâ€, dice Gabriela con un suspiro que mezcla gratitud y resignación en un paÃs donde la inflación anual es de más del 200% y la pobreza afecta al 52% de la población.Gabriela mira a su alrededor y piensa en el futuro. “Cuando yo me muera, alguien tiene que seguir con estoâ€, dice con tono severo, consciente de la fragilidad de su legado en un paÃs donde el bienestar animal no es prioridad.
El gran proyecto de Gabriela es construir un hospital veterinario. Pero no será solo para los animales del santuario: quiere que beneficie a toda la comunidad. La idea es ofrecer castraciones a bajo costo, consultas accesibles y educación en bienestar animal. En un paÃs donde los turnos veterinarios públicos son limitados y las clÃnicas privadas cobran fortunas, Gabriela quiere cambiar las reglas del juego. “Imaginate que una madre con tres hijos llegue y le digan: ‘No señora, no paga’. Eso es lo que quieroâ€.
Sin embargo, los costos de los insumos y los honorarios de los veterinarios hacen difÃcil que el hospital sea completamente gratuito. “No queremos que nadie tenga que abandonar a su animal por falta de dineroâ€, insiste Gabriela. Sueña también con un campo donde los caballos y las cabras puedan correr libres, un espacio donde la naturaleza y los animales vivan en armonÃa.Gabriela Bezeric no necesita aplausos ni reconocimientos. Lo que quiere es algo mucho más profundo: continuidad. “Cuando yo ya no esté, esto tiene que seguirâ€, dice con la voz firme, como si se tratara de una orden que la vida le impuso y ella, a su vez, transmite al futuro. El ParaÃso de los Animales no es solo un refugio para cientos de criaturas maltratadas; es una declaración de principios en un mundo donde la compasión suele ceder ante la indiferencia. Cada vaca, perro, caballo o carpincho que vive en este santuario encarna una segunda oportunidad, un triunfo sobre el abandono y la crueldad.
