21 de abril de 2025
La carta en la que Bergoglio narró su historia familiar y contó cómo le perdió el miedo a la muerte
La escribió el 20 de octubre de 1990 en Córdoba. El destinatario fue el sacerdote que convenció a sus padres para que siguiera su vocación religiosa. Un relato que abarca desde que su familia llegó a la Argentina hasta que comenzó el seminario. Y el video donde sus amigos hablaban de él
En un pasaje, Bergoglio dedica un párrafo especial a su abuela paterna, Doña Rosa Margarita Vasallo de Bergoglio. En sus palabras, ella fue la mujer con mayor influencia en su vida. “La abuela trabajaba en la naciente Acción Católica: daba conferencias por todas partes (hasta hace poco yo tenÃa una, publicada en un folletito, que habÃa dado en S. Severo de Asti, sobre el tema: ‘San José en la vida de la soltera, la viuda y la casada’). Parece que mi abuela decÃa cosas que no caÃan bien a la polÃtica de entonces... Una vez le clausuraron el salón donde debÃa hablar, y entonces lo hizo en la calle, subida arriba de una mesa… Pero no creo que la situación polÃtica haya sido el detonante para la migración a Argentina (tampoco tuvo que tomar aceite de ricino)â€.
La carta de Bergoglio se tiñe de sombras apenas un año después de la boda de sus padres. A la crisis económica de la década infame se le sumó la muerte de su tÃo abuelo Juan Lorenzo, presidente de la empresa familiar en Paraná, tras sucumbir a una leucemia y un linfosarcoma. Como curiosidad, Bergoglio relata que en sus últimos momentos, su tÃo fue atendido por el doctor Oscar Ivanisevich, quien luego serÃa ministro de Educación en los gobiernos de Juan Perón en los años 40 y de Isabel Perón en la década del 70. Ambas tragedias, entrelazadas, desencadenaron una tormenta perfecta: la empresa se fue a la quiebra. Asà lo relata Bergoglio: “Tuvieron que vender todo, hasta la Bóveda del Cementerio (todavÃa se conserva en Paraná el ‘Palacio Bergoglio’ de 4 pisos, donde vivÃan los cuatro hermanos), y mis abuelos y papá quedaron en la calle. Menciono este acontecimiento porque fue el P. Pozzoli quien los presentó a una persona, quien les facilitó un préstamo de 2.000 pesos, con los cuales mis abuelos compraron un almacén en el barrio de Flores… y mi papá hacÃa el reparto con la canasta. Esto muestra la preocupación del P. Pozzoli por ‘sus’ muchachos, cuando pasaban por alguna mala situaciónâ€.
Poco después de adaptarse a la vida en Buenos Aires, la situación económica de la familia comenzó a mejorar. Se mudaron a una casa más grande, de dos plantas, a tan solo unas cuadras de allÃ, en Membrillar 531. En esa casa ocurrió un episodio que pudo haber tenido trágicas consecuencias y que, con el tiempo, quedó como una anécdota que Bergoglio narró ya como Papa en una visita a un grupo de niños: “Jugábamos a los paracaidistas, subimos a la terraza con un paraguas, y uno de mis hermanos se tiró… ¡Salvó su vida por un pelo!â€
Muy cerca de allÃ, en el Colegio de la Misericordia, se encontraba la capilla a la que toda la familia acudÃa cada domingo para participar de la misa. Fue en ese entorno cargado de devoción, donde el pequeño Jorgito comenzó su educación, ingresando al jardÃn de infantes. Su primera maestra fue la hermana Rosa, quien lo acompañó a lo largo de su vida, viéndolo crecer hasta su muerte a los 101 años. A ella, se dice, le gustaba contarle cómo era cuando niño, y él se reÃa cuando le decÃa: “Un diablo, ¿mejoraste un poco?†En ese mismo lugar, el 8 de octubre de 1944, cuando tenÃa 9 años, Bergoglio recibió la Primera Comunión y, esa misma tarde, la Confirmación. Su catequista, la hermana Dolores, quien falleció en 2011, fue también una figura entrañable para Bergoglio, quien, ya como Papa, compartió con un grupo de niños de una parroquia romana que “durante un año me preparó una monja muy buena, junto a dos catequistas, en esos tiempos, antes de misa no se podÃa tomar ni una gota de agua; fue PÃo XII el que nos salvó de esa dictaduraâ€.Como el Colegio de la Misericordia no ofrecÃa la educación primaria, Bergoglio cursó los primeros grados en la escuela N° 8 Pedro Cerviño, ubicada en Varela 358. Alternaba entre sus estudios, los juegos en la plaza Brumana con sus amigos, y los domingos por la tarde junto a su padre yendo a ver a San Lorenzo de Almagro. En ese club, Mario José jugaba al básquet, y desde entonces, Bergoglio se convirtió en un ferviente hincha de los Cuervos, que en 2008 le otorgaron su carnet de socio con el número 88235. Sin embargo, en 1948, con el nacimiento de su hermana MarÃa Elena, la situación familiar sufrió un giro. En su carta a los salesianos, Bergoglio recuerda el apoyo del Padre Pozzoli en esos momentos de oscuridad: “Ayudó con sus gestiones para que yo y mi hermano segundo pudiéramos ingresar –en 1949– como internos en el colegio Wilfrid Barón de los Santos Ãngeles en Ramos MejÃa. Yo hice mi sexto grado allÃ, en 1949, y mi hermano el quinto y sexto en 1949-1950. Sucede que en febrero de 1948, mamá habÃa tenido su último parto (mi hermana, la quinta y última), y habÃa quedado seriamente postrada como consecuencia del evento. Hubo que ponernos internos a los tres mayoresâ€.La devoción de la familia Bergoglio por el Padre Pozzoli era tan profunda que, una vez al año -generalmente para San Enrique-, lo invitaban a compartir los ravioles que se preparaban en la casa de sus abuelos maternos, Francisco SÃvori y MarÃa Gogna de SÃvori. El Padre Pozzoli no solo se ocupaba de los asuntos espirituales, sino que también ayudaba a mantener la armonÃa en los asuntos más cotidianos de la familia. En una carta, Bergoglio relata una anécdota que, si bien no detalla por respeto a los involucrados, da una pista sobre una de las razones de su distancia de la Argentina luego de ser Papa. “En la familia SÃvori tuvo que arreglar entuertos difÃciles, y lo hizo siempre con tacto…â€. La intervención del Padre Pozzoli fue crucial en una serie de hechos familiares, pero hubo uno que no pudo resolver. Tras la muerte de su abuelo materno, Francisco, se desató una tormenta entre los hermanos por el trámite sucesorio, en gran parte debido a antiguos malentendidos que afloraron. Un domingo, el Padre Pozzoli fue a almorzar a la casa de Quintino Bocayuva y al ver que no estaban todos los hermanos, se enteró de la disputa. Intentó mediar, pero no lo logró. Bergoglio recuerda: “Nunca más aceptó una invitación a almorzar allÃ. AtendÃa a todos, se preocupaba por todos, pero (poniendo excusas) se las arregló para no participar de una mesa dividida: ni con unos ni con otros. Esto lo pinta de cuerpo enteroâ€. El paso por la educación salesiana en el colegio Wilfrid Barón de los Santos Ãngeles en Ramos MejÃa, donde vivió como pupilo, fue determinante para Bergoglio. En la carta del 20 de octubre, dirigida al Padre Cayetano Bruno, escribió: “Mi experiencia más fuerte con los Salesianos fue en el año 1949, cuando cursé como interno el sexto grado en Ramos MejÃa. Era Director el P. Emilio Cantaruttiâ€. Entre los recuerdos que lo marcaron, destaca dos momentos: “Uno de los momentos claves en esto de aprender a buscar el sentido a las cosas, eran las ‘Buenas Noches’ que habitualmente daba el P. Director. A veces lo hacÃa el P. Inspector, cuando pasaba por el colegio. Al respecto recuerdo una, como si fuera hoy, que dio Mons. Miguel Raspanti, Inspector en ese entonces. SerÃa a principios de octubre del 49. HabÃa viajado a Córdoba porque su mamá habÃa muerto el 29 de septiembre. A su regreso nos habló de la muerte. Ahora, a los casi 54 años, reconozco que esa platiquita nocturna fue el punto de referencia de toda mi vida posterior respecto al problema de la muerte. Esa noche, sin sustos, sentà que algún dÃa yo iba a morir y eso me pareció lo más naturalâ€.Cuando comenzó el colegio Secundario, Bergoglio regresó a su casa de la calle Membrillar al 500 y comenzó a frecuentar la BasÃlica de San José de Flores. En esos años, uno de sus recuerdos más cercanos fue el de Arminda Esther Aragón, una amiga de su adolescencia. Cordobesa de La Carlota, llegó a Buenos Aires con su familia cuando terminó la primaria y estudió en el Colegio de la Misericordia. Más tarde, se recibió en Trabajo Social y presidió la Acción Católica en Flores, lo que la vinculó a Bergoglio. Esto contaba: “Yo lo conocà porque estaba en la Acción Católica. Era muy amigo de un chico llamado Navarro Pizzurno. Entre los dos sacaban una mesita con libros en Flores y misionaban sobre Rivadavia. Era, se ve, de mucha fe. Él tenÃa un hermano más gordito, y las chicas, pÃcaras, les decÃamos el Gordo y el Flaco, jaja… Cuando Marta, la hermana, cumplió 15 años, hizo la fiesta en la casa de la calle Membrillar y fuimos. Hubo baile, nos divertimos mucho. También sé que jugaba en la plaza Brumana, acá en Membrillar y Bilbao, porque ellos vivÃan a media cuadra. Lo último que recuerdo es que él siempre iba a la Misericordia, y una vez, más grande, me contaron que pasó por acá y dijo, por mi hermana y por mÃ: “¿Estarán vivas las Aragón todavÃa?â€
Arminda se reÃa al recordar esos tiempos y aprovechaba para desmentir una de las leyendas que surgió después de que Bergoglio fuera elegido Papa: “Que yo sepa no tenÃa novia. HabÃa una chica joven, de una familia, que era muy amiga de él, pero novia no le conocÃâ€.Oscar Crespo, uno de los amigos que se fue a vivir a Córdoba, narró allà cómo la vocación de Bergoglio comenzó a manifestarse con claridad desde su adolescencia. “En segundo año tenÃamos Religión como materia. Aquel dÃa, el profesor, de apellido Zambrano, entró al aula y, después de saludarnos, preguntó si podÃan ponerse de pie quienes aún no habÃan tomado la Comunión. De los 30 que estábamos, solo dos nos levantamos. El profesor, sorprendido, exclamó: ‘¡Caramba, cómo a esta edad no tomaron la Comunión! ¿Pero sà están bautizados?’ Y enseguida agregó: ‘Esto tiene solución: acá el compañero Bergoglio les ofrece, si ustedes lo aceptan, encontrarse con él el domingo en la iglesia de San José de Flores, donde los va a apadrinar para que tomen la comunión. Y como cierre, los va a invitar a su casa con un pequeño lunch’. Esto ocurrió cuando él tenÃa 14 añosâ€.
A pesar de que, tras egresar como Técnico QuÃmico, trabajó un tiempo en el Laboratorio Hickethier, su destino ya estaba definido. En su carta al Padre Bruno, Bergoglio lo narra de manera contundente: “El 21 de septiembre de 1954 me voltearon del caballo. Conocà al P. Carlos B. Duarte Ibarra, en Flores (mi parroquia). Me confesé con él ‘de chiripa’ y allà –sin estar yo en el telonio (Nota: oficina) como el santo del dÃa– me esperaba el Señor ‘miserando atque eligendo’ (Nota: precisamente esta frase, que significa ‘Lo miró con misericordia y lo eligió‘, fue el lema que adoptó para su escudo papal). Allà no tuve dudas de que debÃa ser sacerdote. La vocación la habÃa sentido por primera vez en Ramos MejÃa, durante mi sexto grado, y la hablé con el famoso ‘pescador’ de vocaciones, el P. MartÃnez, SDB (Nota: Salesianos de Don Bosco). Pero luego comencé el secundario, y ‘¡chau!!’â€.El paso final para ingresar al seminario lo hizo, como tantos otros momentos clave de su vida, acompañado por el Padre Pozzoli. Bergoglio narró en la misiva cómo resolvió finalmente el dilema: “No dije nada en casa hasta noviembre de 1955: ese año terminaba el Industrial (eran seis años), y me recibÃa de técnico quÃmico. Como yo veÃa en qué iba a terminar el conflicto, lo fui a ver al P. Pozzoli y le conté todo. Examinó mi vocación. Me dijo que rezara y lo dejara en manos de Dios. Me dio la bendición de MarÃa Auxiliadora. Cada vez que rezo el ‘Sub tuum praesidium…’ me acuerdo de él. Por supuesto, en casa surge la idea: ¿por qué no consultamos al P. Pozzoli? Y yo, con mi mejor cara, dije que sÃ. Recuerdo todavÃa la escena. Fue el 12 de diciembre de 1955. Papá y mamá cumplÃan 20 años de casados. El festejo consistió en una misa (sólo mis padres y los cinco hijos) en la Parroquia San José de Flores. El celebrante serÃa el P. Pozzoli. Terminada la Misa, papá invita a tomar el desayuno en la ConfiterÃa “La Perla de Flores†(Rivera Indarte y Rivadavia, a media cuadra de la BasÃlica)… Papá pensarÃa que el P. Pozzoli no aceptarÃa porque le preguntó si podÃa (creo que si no irÃamos a casa, distante 6 cuadras), pero el P. Pozzoli (que sabÃa el negocio que se iba a tratar) aceptó sin más. ¡Qué libertad de espÃritu para ayudar en una vocación! Y en la mitad del desayuno se plantea el asunto. El P. Pozzoli dice que está bien lo de la Universidad, pero que las cosas hay que tomarlas cuando Dios quiere que se tomen… y empieza a contar historias diversas de vocaciones (sin tomar partido), y finalmente cuenta su vocación. Cuenta cómo le propone un sacerdote ser sacerdote, cómo en poquÃsimos años lo hacen subdiácono, luego diácono y sacerdote… cómo se le dio lo que no esperaba… Bueno, a esta altura “ya†mis padres habÃan aflojado el corazónâ€.
Un año después, en 1956, Bergoglio ingresó al seminario de Buenos Aires. En agosto de 1957, una pulmonÃa que lo afectó gravemente derivó en una operación en su pulmón. Recuperado, en noviembre de ese mismo año, buscó cómo ingresar a la CompañÃa de Jesús, en su deseo de ser Jesuita. Nuevamente, fue el Padre Pozzoli quien lo ayudó a dar ese paso. Asà fue como Jorge Mario Bergoglio comenzó su camino hacia el sacerdocio, uno que él eligió recorrer con los pies firmemente plantados en el barro de los más pobres. Un sendero que, el 13 de marzo de 2013, lo llevó hasta Roma, donde, contra todos los pronósticos, se convirtió en Papa Francisco.