21 de abril de 2025
Así fue el último día de Bergoglio en la Argentina: “Nos vemos a la vuelta”
El 26 de febrero de 2013, el entonces Arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio, abordó un vuelo de Alitalia desde Ezeiza, que lo llevó a encontrarse con su destino de Papa. Jamás regresó a su patria
En la sacristÃa de la Catedral, rodeado de cálices de arzobispos, un antiguo aguamanil enviado por el rey Carlos III en el siglo XVIII, y reliquias de santos, el padre Russo recordaba aquellos dÃas en los que el cardenal Bergoglio estaba por dejar Buenos Aires. “Él siempre hacÃa lo mismoâ€, señaló al comenzar. La rutina de Bergoglio en Buenos Aires era meticulosa. Se levantaba a las 4:30 de la mañana, comenzaba su jornada con dos horas y media de lectura y meditación, como todo buen jesuita. Después, oficiaba misa si no tenÃa compromisos importantes y ocupaba su despacho a las 7:00, respondiendo cartas y atendiendo audiencias. A las 11:30 ya almorzaba en el comedor del segundo piso, seguido de una breve siesta. La tarde se completaba con más trabajo en su oficina hasta las 19:00. “Él siempre estaba disponible para atender llamadas, todo lo resolvÃa rápidoâ€, mencionaba el padre Russo, quien también recordaba que Bergoglio nunca usó computadora, prefiriendo escribir a mano o en una máquina de escribir eléctrica. En una época tuvo un secretario y luego dos mujeres que lo asistÃan para atender el teléfono, Otilia y Elisa. Pero la agenda, que era de papel, la llevaba él mismo en su viejo portafolios con hebillas.
Las cenas eran simples y tempranas. “Él mismo calentaba lo que le dejaban preparado. No tenÃa problemas con hacer las cosas por sà mismoâ€, recuerda Russo. A las 9 de la noche se retiraba a su habitación, una estancia austera, con cama, armario y una mesa de luz. No tenÃa televisor, porque habÃa hecho una promesa a la Virgen del Carmen. Su única excepción a la rutina era escuchar música clásica los sábados por la tarde, cuando sintonizaba Radio Nacional.
“¿Dónde estás?â€, preguntó el arzobispo. “En mi cuartoâ€, le respondió Russo. “Vestite y venÃâ€, le dijo Bergoglio. Al llegar a la oficina, vio que el Papa estaba hablando por teléfono con Roma. En ese momento, le susurró: “El Papa es ustedâ€. Bergoglio lo miró incrédulo: “No, Alejandro, no es posibleâ€. Recuerda el padre Russo: “Lo decÃa porque él acababa de renunciar a su sede de Buenos Aires, habÃa cumplido 75 años, y pensaba que su tiempo ya habÃa pasadoâ€.
Lo que siguió fueron horas de tensión, llamadas de Roma y una conversación que terminó con una reflexión de Russo: “Cuando se elige a un Papa, no se tiene en cuenta nada, porque el Papa es soberano, está fuera de la ley, es el legislador Supremo, el Vicario de Cristoâ€. Y aunque Bergoglio insistió en que no era el momento para hablar de su posible elección, pronto se hizo evidente que la historia comenzaba a tomar otro rumbo.El dÃa del Cónclave estaba cada vez más cerca, Benedicto XVI habÃa establecido al 28 de febrero como la fecha de su dimisión, pero Bergoglio aún no habÃa decidido cuándo viajar a Roma. El padre Russo, que en esa ocasión se convirtió en su consejero en varias decisiones, le sugirió el 25 de febrero como fecha de salida. Pocos dÃas antes de su partida, el Cardenal celebró su último bautismo, a la hija recién nacida de un piloto que habÃa logrado una súbita fama por haber sido arrestado años atrás. Al terminar, Bergoglio se acercó a Russo y le dijo “me voy el 25â€.
Su última misa en Buenos Aires tuvo lugar el 23 de febrero, en la Catedral Metropolitana, para un grupo pequeño de sacerdotes. Era un momento privado, un adiós aún no pronunciado. “Me dejó lista la homilÃa del Jueves Santo para que la pasaran a máquinaâ€, recuerda el padre Russo, quien también señala que, cuando Bergoglio se convirtió en Papa, la homilÃa fue enviada a la SecretarÃa de Estado del Vaticano.En las últimas horas de su vida como cardenal, Bergoglio se dedicaba a pequeños detalles, como pagarle a su amigo Daniel Del Regno, quien le llevaba todos los dÃas el diario La Nación. suspendiera la entrega de su ejemplar. Del Regno le contó a Infobae: “Cuando me enteré de su viaje, por que él mismo me lo comentó, le dije si le parecÃa conveniente suspender los diarios, y me respondió que no, estarÃa de vuelta en una semana. Antes de eso habÃa tenido la gentileza de bautizar a mi hijo, habÃamos generado una confianza. Cuando nos enteramos que era Papa fue una alegrÃa. Y traté de llamar a la Curia pero me ganó de mano. Me llamó por teléfono, pero con este caos que tiene la zona no alcancé a escucharlo bien. Creà que era una joda. Y no, era él, despidiéndose y ahora sà suspendiendo los diariosâ€.Luego, cuando ya estaban listos para salir, el padre Russo le dijo con tono serio: “Usted se va a acordar de mà cuando digan ‘Bergoglio, 77’, y suene un aplausoâ€. Se referÃa al número de votos necesarios para ser elegido Papa en el Cónclave. Después, Bergoglio se despidió de su amigo con una sobriedad inusitada. Un auto rojo lo esperaba para llevarlo a Ezeiza. “Nos vemos a la vueltaâ€, dijo.
Jorge Mario Bergoglio nunca volvió a su tierra natal.
